Caperucita roja

 

En un bosque vivía una niña con su madre. Un día la madre le pidió a la niña que llevara unos pasteles donde su abuela, que vivía en medio del bosque. La niña aceptó el pedido y se puso una caperuza roja en la cabeza para protegerse del viento y el frío.

Caperucita roja salió al bosque cantando, brincando y jugueteando con todos los animalitos del bosque. De repente el lobo salió de un matorral bloqueando el camino a la niña.

El lobo le pregunto a Caperucita para dónde se dirigía. Ella le respondió que para la casa de la abuelita que quedaba en medio del bosque. El lobo pensó que sería espléndida idea ir a la casa de la abuelita, devorársela, y esperar a Caperucita para hacer lo mismo.

Y para concretar su plan le dijo a Caperucita que para llegar a la casa de la abuelita era mejor tomar el camino del río, que, según él, era más corto.  Caperucita aceptó la sugerencia y tomó el camino del río, mientras que el lobo, riéndose, tomó un  atajo y llegó primero a la casa de la abuelita.

Al llegar a la casa, el lobo observó que la abuelita de Caperucita estaba en su cama durmiendo. Así que aprovechó que una de las ventanas del cuarto estaba abierta, ingresó y se lanzó sobre la anciana, tragándosela de un mordisco. Luego se colocó un pijama de la abuela, dejó entreabierta la puerta principal, y se metió en la cama.

Minutos más tarde llegó Caperucita. Al ver que la puerta estaba abierta entró y saludó a su abuelita. Sin embargo al verla notó que algo raro tenía. "Abuelita, ¿por qué tienes esos ojos tan grandes?", preguntó Caperucita. "Para verte mejor", dijo el lobo fingiendo la voz de la abuelita. "¿Y por qué tienes esas orejas tan grandes?", preguntó la niña. "Para oírte mejor", dijo el lobo. "¿Y para que tienes esa boca tan grande?", volvió a preguntar Caperucita. "Para comerte mejor", dijo el lobo al tiempo que se lanzaba contra Caperucita.

Caperucita corrió hasta que logró salir de la casa. Pedía auxilio a gritos, pero los animalitos del bosque no podían ayudarla porque el lobo era más fuerte que ellos.

El lobo la perseguía y la perseguía, hasta que un leñador que pasaba por ahí escuchó los gritos de Caperucita y fue en su ayuda. El leñador tomó un tronco y golpeó con tanta fuerza al lobo que éste expulsó de su estómago a la abuelita. El lobo quedó tan adolorido que se rindió y huyo de ese bosque sin que hasta hoy se sepa que ha sido de él.

La abuelita, en agradecimiento con el leñador, lo invitó a comer pastel y café a su casa junto con Caperucita Roja.